2016, año difícil y crítico

La euforia de los números acumulados durante el 2015 corre el riesgo de disiparse si la imagen de crisis e inseguridad política permanece más tiempo de lo debido a la vista de los inversores y de los mercados. Nos guste o no, formamos parte de unas organizaciones supranacionales que nos condicionan, nos limitan e influyen notablemente en muchas cosas de nuestra vida diaria que pasan desapercibidas para nosotros. Las grandes cifras macroeconómicas, los indicadores, las calificaciones de las sociedades de rating, la evolución de la deuda, la prima de riesgo, el IPC, el PIB etc. etc. nos suenan a música celestial, sabemos que eso existe pero no sabemos en qué nos afecta, lo sentimos lejano y por eso no nos preocupa. Se echa en falta en España un nivel aceptable de cultura económica. En los programas educativos debería contemplarse esta materia, al menos para que las nuevas generaciones conozcan los más elementales principios de la economía y entiendan como se crea y se destruye la riqueza. Cuando la cultura económica tenga unos niveles aceptables el sentido del voto cambiará por completo, al menos en que la gente no se dejará llevar por embaucadores que ofrecen milongas al electorado a sabiendas de que son imposibles de conseguir.
A lo largo de estos años de crisis ha habido que hacer encajes de bolillos para salir adelante, pero son pocos los españoles que han reconocido el esfuerzo y el sacrificio en comparación con los que no han sabido valorar la importancia de la crisis y sus consecuencias. Unos cuantos millones de españoles han reconocido la enfermedad y el tratamiento médico quirúrgico aplicado a la misma. Unos cuantos más apenas si han aceptado que había tal enfermedad y no han comprendido la urgencia de los tratamientos y se han opuesto radicalmente a ellos. Todavía hay muchos españoles que piensa que el dinero cae del cielo. Son muchos los que no creen que la política económica de control del gasto sea la solución y no alcanzan a comparar la sencilla o a veces complicada administración de su casa con la de la casa grande que es el Estado.
Viene a cuento todo esto a que el resultado de las pasadas elecciones nos ha dejado un panorama político que es el menos deseado para culminar el proceso de salida de una situación de crisis. Se ha castigado a quienes a lo largo de tres décadas han gobernado poniendo la economía al servicio del crecimiento, la riqueza y el bienestar y se ha premiado a quienes nunca hicieron nada salvo disfrutar de lo creado por los anteriores sin aportar nada y dando por malo todo lo anterior. Se ha despreciado a quienes, aun con sus muchos errores, metieron a España en las comunidades europeas y administraron con acierto hasta conseguir que seamos la cuarta potencia de la Zona Euro y se ha premiado a vendedores de humo, defensores del despilfarro y del incumplimiento de nuestros compromisos internacionales, políticos y sobre todo económicos.
¿Qué va a pasar en este año que se adivina tan crítico y difícil?. Todo va a depender de la capacidad de diálogo y sacrificio de nuestra clase política y de la búsqueda de soluciones para la gobernabilidad en un tiempo mínimo. La inseguridad y el tiempo corren en contra nuestra. Hace unos pocos años la prima de riesgo estaba en más de seiscientos puntos, lo que quiere decir y todo el mundo debería saber, que España pagaba por el dinero que necesitaba un 6% más caro que Alemania, que es la referencia. Ahora la prima de riesgo apenas supera los cien puntos lo que significa que tan solo estamos pagando un 1% más que ellos. Hace pocos años el Estado se financiaba con Deuda Pública por la que pagábamos más de un 5%. Ahora en cambio se emiten Letras del Tesoro a un interés del -0,28%, es decir, nos pagan por invertir en deuda española en vez de cobrarnos. Somos la cuarta economía de la zona Euro, suponemos el 14% del PIB y por ello todos los ojos están pendientes de lo que hagamos en estos momentos de inseguridad a que nos ha conducido votar más con el corazón que con la cabeza. Las agencias de rating Moody’s, S&P y Fitch nos tienen catalogados en la cuarta categoría “Grado Medio Inferior”, al mismo nivel que Italia y por debajo de Alemania, Francia y Reino Unido. Ya han calificado como “deuda basura” a la deuda catalana y la ruptura de la Alcaldesa Carmena con las tres agencias hace presagiar que la calificación en un futuro próximo va a resultarnos comprometida.
Este asunto daría para muchas páginas pero solo dispongo de un espacio reducido por lo que voy a concretar el razonamiento defendiendo que la clave para el desarrollo y el bienestar está en adaptar nuestra economía a los ritmos y vaivenes que la globalización nos impone. No podemos salirnos del camino que hemos elegido ni podemos pararnos porque en ambos casos tenemos quién nos arree por detrás. La cuestión política debe solucionarse en un plazo mínimo de tiempo porque quién manda es la economía y esta no da treguas. Es lamentable el desconocimiento y la poca valoración que los españoles tenemos de los asuntos económicos; ello nos ha conducido a dejarnos llevar por el que mejor habla, el que más vocea o el que más promete y eso crea inestabilidad política y dudas en los mercados y esto es el principio de la vuelta atrás.

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