Superadas las seis semanas desde que se celebraron las elecciones y concluida la segunda ronda de contactos, del Jefe del Estado, el Rey, con los representantes de los partidos; el presidente del Congreso recibió la propuesta firme del Jefe del Estado,  donde aparece como candidato a Presidente del Gobierno de España, el Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez. Resulta muy positivo que el líder socialista se haya ofrecido a desbloquear la situación, buscando armar un acuerdo, a pesar de las profundas dificultades  que representa hacerlo desde los 90 diputados de base parlamentaria.

La primera ronda terminó con un “espectáculo”?? que dice nada a favor de sus protagonistas: Primero el Sr. Iglesias, líder de Podemos autoproclamándose candidato a vicepresidente del Gobierno. Ese “teatro” suponía romper las mínimas normas básicas, dejando en situación desairada al PSOE, con el que supuestamente quería gobernar. Sr. Pablo Iglesias, da Vd. la impresión con esa actitud, de que busca más unas nuevas elecciones que pactar una política de Gobierno.

Poco después, el presidente en funciones, Sr. Rajoy que había afirmado iba a presentar su candidatura, no aceptaba la propuesta del Jefe del Estado, con el argumento de que todavía no tenía el consenso suficiente. Pero en vez de pasar el testigo al segundo candidato más votado, Pedro Sánchez, nos anuncia que defiende guardar su turno para más adelante. Hay que decir que Rajoy se presentó en La Zarzuela en la segunda ronda sin haber dado un solo paso, para negociar con otras fuerzas políticas en los 45 días transcurridos desde el 20-D.

 Desde que fue notoria la imposibilidad de alcanzar la mayoría, Rajoy insiste en una cosa que no es verdad, ser el partido más votado, no es ganar las elecciones; repite sin esperanza alguna su propuesta de tripartito y como siempre se muestra incapaz de decir nada nuevo. Asombra que en plena metástasis del cáncer “popular” de la corrupción, el Sr. Rajoy no de prioridad a su tratamiento: por el bien de la democracia y del partido, el PP necesita entrar en una cura de saneamiento y relevo fuera del poder, lo cual no significa dejar de contar en unas decisiones de Estado que han de tomarse desde la pluralidad. Rajoy y sus colaboradores inmediatos no lo saben.

Rajoy tiene aversión al pacto, porque la tiene a la interlocución política. Rajoy no toma nunca la iniciativa, nada en ese mar de quietismo, esperando que los problemas se pudran, emergiendo él de esa situación, más por aburrimiento que por convicción, como el único capaz de soportar el hedor. Ese quietismo tiene algo de enigmático, como si esa pasividad encerrara una jugada maestra, o simplemente lo que hay es lo que vemos. Y lo que vemos es: MEDIOCRIDAD. Y ante la mediocridad, no quede más que guardar silencio, porque a la mediocridad nada se le puede exigir y de ella nada cabe esperar.

El candidato a la presidencia del Gobierno de España, propuesto por el Jefe del Estado, Pedro Sánchez se propone gobernar “desde la moderación”.Es un buen representante de esa nueva España pragmática más interesada en resolver problemas específicos que en aferrarse a los grandes principios. Es consciente de que es la hora del diálogo y la política y sobre todo de la responsabilidad Los ciudadanos tienen prisa de que haya Gobierno y el candidato a la Presidencia es consciente de la necesidad de afrontar cuatro tareas urgentes: cerrar la brecha social; encauzar la cuestión catalana; aprovechar los vientos de cola económicos exteriores (€uro y petróleo baratos). Además negociar con Bruselas, cuanto antes, desde la solidez, la senda de reducción del déficit. A las negociaciones para fraguar la investidura y un Gobierno se le ha dado la máxima rapidez posible. Sin prisa pero sin pausa.

Hay que afrontar bien las cuatro tareas urgentes, hay que ir más allá de un pacto de investidura. Es preciso asegurar un Gobierno sólido y un cuatrienio estable. Ambos son necesarios: para el bien de la ciudadanía (para reformar), ante la Unión Europea (para volver) y frente a los mercados (para refinanciarnos). Debiéndose completar con un detallado acuerdo de legislatura.

Podemos ha introducido la crisis catalana en la de la gobernabilidad española Defienden que el referéndum  es la mejor salida para la crisis catalana, pero que estarían dispuestos a escuchar otra alternativa que desbloquee la situación. Un punto de partida sería la propuesta del Lehendakari Urkullu: “Hay que desterrar (la idea de) que la consulta es para la independencia. No. La consulta puede asociarse a una pregunta pactada, (como por ejemplo) un acuerdo sobre una reforma del Estatuto y que se vote su ratificación”.

Pedro Sánchez tiene la iniciativa política. Sabe que lo importante es la gobernabilidad, no la investidura. El PSOE ha demostrado durante casi 40 años su importancia en el desarrollo democrático, el progreso económico y los avances sociales en España. Tanto desde el Gobierno como desde la oposición ha defendido un proyecto socialista y ha liderado las grandes reformas en nuestro país. Pedro Sánchez, su actual Secretario General es consciente de ese legado y  que la forma de recuperar el apoyo de los ciudadanos, no es buscar la complicidad de quién solo pretende disputar su hegemonía desde la radicalidad, sino defender los valores que han hecho grande al PSOE. Para superar los peores resultados – los del 20-D- el Partido socialista  tiene que mostrar el perfil reformista, dinamizador de la sociedad, sin ningún tipo de complejos ante cualquier presión.

Es incompatible que haya Gobierno rápido con la presencia de un entorno fragmentado y plural, que requiere negociaciones complejas a desarrollar desde la serenidad, constancia y paciencia infinita. Sin olvidar que los acuerdos entre los partidos se basan en renuncias mutuas.

Hora de diálogo y de la política

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