A veces en casa hacemos unas risas sobre mi pobre capacidad como pitonisa. Tengo una habilidad poco envidiable cuando me pongo a predecir el futuro. Me queda el consuelo de que si algún día vuelve la morbosa afición de quemar brujas yo estaré a salvo.

Cuando aparecieron los móviles les auguré un mal mercado. Recuerdo que pensé que a la gente no le podía parecer atractivo usar el teléfono por la calle. Me equivoqué, claro. En general a todo el mundo le pareció genial comunicarse a gritos por sus aparatos en mitad de un autobús, la sala de espera del médico, un tren, etc… Ahora lo menos interesante de un teléfono es que funcione como tal. Ayer leí que “si tienes Gmail en tu celular con wifi, puedes ver en Google Maps un mapa mundial que muestra dónde estuviste cada día, a cada hora, durante los últimos dos o tres años (ver www.google.com/maps/timeline). Es una información que tú les permites coleccionar al aceptar los términos de licencia cuando instalas la aplicación” (entrevista a Martin Hilbert en The Clinic el 19 de enero de 2017). Esa información puede ser de utilidad para muchas empresas. Olé.

También recuerdo de forma nítida la sensación de profundo desconcierto que me causó el éxito de la primera edición de Gran Hermano. Nunca lo vi, pero era imposible no impregnarse de la estulticia que se extendió como una mancha de aceite sobre la vida pública. Visto desde fuera parecía un concurso para encumbrar como ganadores a los más maleducados, zafios, macarras, anodinos o tontos. A veces, parecían todo eso a la vez. Tenía su mérito, supongo. Aquel formato tan aburrido de meter una cámara en la vida de unos seres que a mí me parecían descerebrados no podía triunfar, pensé. Me equivoqué, claro. Vamos por la edición 17.

Con Donald Trump me ha ocurrido lo mismo que con Gran Hermano. No me podía tomar en serio a un individuo que decía cosas como que podía agarrar a las mujeres por el coño, o matar a quien quisiera en la 5ª Avenida. No veo diferencia intelectual ninguna entre esto y algunas frases salidas de Gran Hermano. Supongo que a sus votantes les gusta ese lenguaje propio de un borracho acodado en la barra del bar. Cuando pienso en los millones de personas que le han votado me acuerdo de aquella frase: mil millones de moscas no pueden estar equivocadas, come M. Creo que si quien dice esas cosas llega a Presidente de un gobierno, se le está abriendo la puerta grande al machismo y a la violencia. Por no hablar de otros defectillos que parece tener. A ver cuántos imitadores le salen.

Ahora al estado con mayor poder del mundo, lo dirige un Presidente, que tiene el nivel gramatical de un niño de 11 años. No lo digo yo, sino un estudio de una universidad americana. Lo peor es que, muy posiblemente, su manera de expresarse le haya servido para acercarse a un electorado que, lamento decirlo, no puede ser muy inteligente.

Todo lo que viene de aquel país se ha convertido en un inmenso despropósito. Nadie le dice al emperador que va desnudo. Promete que va a construir un inmenso muro para separarse de Méjico. Otro muro. No me extraña, el último fue todo un éxito… cuando se tiró y se vendieron los pedazos como recuerdo. El director que ha elegido para la comisión de vacunas, ha vinculando algunas de ellas con el autismo. Los sólidos trabajos científicos que tumban esa vieja mentira no hacen mella en su intelecto. La actual consejera del presidente electo habló el otro día de “hechos alternativos” en una rueda de prensa. No todo el mundo sabe que el concepto de Gran Hermano proviene del libro 1984 escrito por George Orwell. En esta distopía, el Ministerio de la Verdad se ocupa de establecer los hechos ciertos para unos ciudadanos que son vigilados por el Gran Hermano. Estamos en la era de la posverdad y de los “hechos alternativos”. Las ventas de este clásico de la literatura del siglo XX se han disparado en EEUU.

Me preocupa levantarme un día y encontrarme una campaña electoral entre el Yoyas y Fresita para Presidente de nuestro Gobierno. No me parece del todo inverosímil visto lo visto. Pero no hay que preocuparse, ya digo que mis dotes adivinatorias son pésimas.

Lo primero que dijo Trump en su discurso de inauguración fue que América va primero (“ from this day forward, a new vision will govern our land. From this day forward, it’s going to be only America first, America first). No, no va a ser mejor presidente que candidato. Ya estamos todos los ciudadanos del mundo, hombres y mujeres, agarrados por el C. Enhorabuena a los premiados.

 

Agarrados por el C

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