Tal como está el panorama, donde la locura y la sinrazón, con todas las variables que podamos o queramos imaginar y que están en los diccionarios de sinónimos: injusticia, error, contrasentido, despotismo, locura y cuanto queramos añadir, no es fácil ponerse a escribir para “analizar” con serenidad la actualidad informativa tan crítica y lejos, muy lejos, del más común de los sentidos, especialmente los actos terroristas en Francia. Hay demasiados fanático salvapatrias suelto.

Lo ocurrido en París tiene muchos motivos de repulsa y condena. Y todo por odio, por un rencor incontrolado por culpa de una mentalidad tan cerrada e intransigente como hijoputesca. No tiene explicación racional que unos sujetos, amparados en no se qué cosa, ideológica, intolerante o de otro calibre más oscuro, hagan alarde de desprecio a la vida de tantas personas inocentes, sembrando de sangre y horror los lugares estratégicamente escogidos para matar por matar, indiscriminadamente, con frialdad, sadismo y odio desmedido.

El mundo está en alerta máxima. España no es ajena a ésta desatada fiebre yihadista.  Aquí ya no vale aquello de que “la cara es el espejo del alma” (cuando se la ve). Ya lo decía Don Quijote en el capitulo 58: “De los desgraciados está el infierno lleno”. Es imposible creer que entre esa gente tan radical, no haya alguien capaz de imponer su racionalidad y sentido común. Su fanatismo va más allá de los sentimientos.

En una situación semejante, con la precaución y las dudas lógicas ante tamaña salvajada, tampoco podemos poner en el ojo del huracán a todo el mundo, ni desconfiar de su procedencia. Los españoles siempre hemos dado muestras de ser solidarios. Y debemos seguir siéndolo, entendiendo también que es humano e inevitable la desconfianza y la precaución.

Nosotros, que desgraciadamente, también hemos sufrido en nuestras carnes el terror y la muerte salvaje, en honor a no se sabe quién o por qué creencias o dictados de unos mal nacidos, entendemos la gran indignación de los franceses, con los que nos solidarizamos totalmente. Pero hay algo en lo que envidio, especialmente, al pueblo francés: su unión, sin fisuras, en momentos tan críticos. Algo muy distinto de lo ocurrido en España tras la masacre del 11M, donde algunos grupos quisieron sacar réditos políticos de los atentados.

Confiemos que alguien pare ésta locura, y que los responsables paguen hasta sus últimas consecuencias. Ni puede, ni debe permitirse el terror por el terror, la muerte gratuita de tantos inocentes, simplemente porque algún insensato crea que el odio, la venganza y la muerte violenta del “enemigo” lleva implícita su “salvación” personal.

Visto lo visto, de nada sirven alianzas de civilizaciones,

Ni acciones solidarias. Tampoco sería justo meter en el mismo saco a todo el mundo. Va siendo hora de dejar a un lado las diferencias, el “y tú más”, y centrarse en lo que verdaderamente importa: la libertad, la dignidad y la seguridad de todos. También un entendimiento pacífico, sin fisuras entre los demócratas de todo el mundo, pero ¿con quién se dialoga?. Esa es la clave. Hace falta serenidad y firmeza. Hay demasiados lunáticos, fanáticos y buitres carroñeros volando por ahí fuera.

 

Demasiados fanáticos

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