Desde dentro

Justo antes de las vacaciones de Navidad saltó la noticia del Rector copión de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). Parece que el máximo responsable académico de esta universidad es responsable de haber plagiado párrafos, e incluso páginas enteras, en varios de sus trabajos. Si esto es cierto, este señor ha cimentado parte de su carrera en un gran engaño. Para ser Rector se necesitan bastantes méritos, siendo el más importante de todos ser Catedrático de Universidad. Incluso es muy discutible su grado de Doctor ya que su Tesis Doctoral contiene párrafos enteros copiados. Copia que llevó al extremo al plagiar documentos del presidente del tribunal que la juzgó y calificó.

La de Catedrático es la máxima categoría docente en nuestro sistema académico. Se vende cara. Para llegar a ella hay que haber trabajado mucho y muy bien. El primer paso para conseguir una plaza de profesor de universidad es demostrar que lo mereces. Es decir, la Agencia Nacional de la Calidad y la Acreditación (ANECA) tiene que certificar que tienes los méritos para ser seleccionado. A este paso se le llama acreditación. Nombrarle la ANECA a un profesor de Universidad es de bastante mal gusto. No encontrarán a nadie entre el profesorado universitario que disfrute con la ANECA. Tengo compañeros que cada vez que hacen la más nimia cosa piden un certificado, para desesperación de los responsables académicos que han de elaborarlos. Los docentes atesoramos carpetas muy gordas con toda nuestra vida laboral debidamente justificada. De tanto en tanto la sacamos, fotocopiamos y compulsamos para un nuevo contrato, plaza o petición de acreditación. Nos pasamos la vida luchando por un puesto de trabajo que cada cierto tiempo sale a concurso público. Los docentes de universidad sabemos que si dices tres veces seguidas la palabra ANECA se te aparece Bitelchus. No lo intenten.

Últimamente estamos muy sensibles con el tema de las acreditaciones, por eso este tema de los plagios nos escuece especialmente a algunos. Desde el mes de noviembre tenemos en nuestras manos la nueva normativa de acreditación de la ANECA para los cuerpos de profesores funcionarios de universidad. Si antes era difícil, ahora es casi imposible. Nos han puesto la zanahoria muy, muy lejos. Por garantizar la excelencia, dicen. Como si la excelencia saliera de la nada, digo yo. Bueno, en algunos casos ha salido de la nada, dirán ustedes. Ya. Por eso nos escuece.

Dice este Rector magnífico que “es posible que se hayan podido producir disfunciones, porque soy humano”. Desde luego, algo no ha funcionado bien. Empezando por su director de Tesis Doctoral y el tribunal que la juzgó, y terminando por los filtros de las revistas (¿prestigiosas?) que no descubrieron el plagio y contribuyeron a engrandecer un curriculum fraudulento.

Dice este Rector magnífico que no se ha lucrado con el plagio. Lo dudo. Estas publicaciones le habrán servido para llegar a ser Catedrático de Universidad y, por lo tanto, Rector. Con ellas habrá solicitado sexenios de investigación. Todo esto le ha repercutido en la nómina mensual.

En todo caso, este nuevo caso de corrupción universitaria ha sido la munición necesaria para que la prensa haya vuelto a arremeter contra la Universidad española que, como algunos creen saber, es un nido de corrupción que apesta a clientelismo. Es inexcusable la carta de apoyo al Rector que ha circulado entre el profesorado de la URJC. No negaré que haya corrupción y clientelismo, pero tampoco es la situación tan negra como se quiere pintar. Dentro de la universidad hay muchos profesores que dedicamos el trabajo diario a nuestros alumnos e investigaciones. Endogamia hay, pero no siempre. También es cierto que levantar algunas alfombras y barrer debajo es necesario y no debería perjudicarnos a la mayoría.

La higiene es necesaria para evitar infecciones. Se lo dice una microbióloga escrupulosa.

Categoria La Opinión

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