Los españoles que tenemos fama de ser avispados, de oler a una legua el peligro, los cambalaches y las cosas raritas, parece que también estamos perdiendo la virtud de ver venir, con anticipación, a los personajes floreros que se creen más listos que un arado en plena campaña agrícola. Ya les gustaría.

Ahora mismo, en plena canícula de agosto, lo más positivo y sano en ésta España nuestra y convulsa de hoy, son, además de las vacaciones, con millones de personas deambulando y gastando sus buenos dineros, lo que es muy buena señal para la revitalización de muchos sectores, digan lo que digan los de siempre. Además de todo eso, lo bueno son las fiestas de nuestros pueblos.

Esas celebraciones tradicionales, que permiten, entre otras cosas, el reencuentro de familias y amigos. Fiestas que acogen al paisano, que por alguna razón, casi siempre de trabajo, dejó un día su patria chica, para recalar en otro lugar de España, o incluso el algún otro país.

Lo bonito, es que, casi todos, salvo los desagradecidos, añoran y vuelven, siempre que pueden, especialmente en fechas muy señaladas como las ferias o la Navidad que vivieron antaño. Y lo hacen con todo el orgullo del mundo, sin renunciar para nada a destacar la gratitud que sienten por el lugar o el país que un día les recibió con los brazos abiertos.

La nostalgia es fuerte. Por eso, el reencuentro con los suyos, sus vecinos y amigos, es un sentimiento tan fuerte que permite dejar en segundo plano, por unos días, todo el hartazgo político que llevamos en el cuerpo. Y por lo que se ve, algunos siguen confundiendo, que lo prioritario debe no son ellos, sino España y los españoles.

Sabemos que hay personajes que “no entienden” la parte que ellos intentan forzar a los demás, sí o sí, después de haber recibido otro mensaje claro en las urnas.  Con pocas luces. Con menos visión de Estado, que un vampiro en un cementerio.

¿Entenderán alguna vez que España es lo primero? Hay quienes tratan de justificar esa actitud chulesca e irresponsable, por su bisoñez y falta de experiencia en política. Cierto que, como en cualquier profesión, y la política ya es una profesión muy bien remunerada, la experiencia se adquiere con los años, sólo que hay momentos en que hay que dejarse llevar por los consejos razonables de los más veteranos, en lugar de escuchar al cuchitril peleón, que ha descubierto lo bonito que es salir todos los días en la tele, en la prensa o en las redes sociales con mensajes ocurrentes para sonrisa y gracia de algunos pelotas. Pero sacar adelante a una nación como España, eso es harina de otro costal.

Hay quien disfruta como enanos, con el cambio de los callejeros u otras ocurrencias más complicadas que sólo van a provocar enfrentamientos absurdos e innecesarios superados hace muchos años. Por eso, insisto, que debemos aprovechar estos días de verano, para seguir estrechando lazos de amistad y parentesco, rescatando nuestras aventuras y batallas de juventud.

Lo peor, es que no nos podemos quitar de encima tanto politiqueo, máxime cuando España se está jugando mucho más de lo que piensan algunos novatos y veteranos, hoy aforados, que sólo tienen una fijación: ellos y su ideología trasnochada, en algunos casos. Y, claro, mantener el sillón.  Si asumieran, o entendieran de verdad que lo que está ocurriendo no es una broma, que otras elecciones es un suicidio colectivo, por la imagen patética que estamos dando dentro y fuera, generando inevitable desconfianza.

Los españoles intentamos (sin conseguirlo del todo) relajarnos éstos días en la playa, en la montaña o en nuestros pueblos en fiestas. Mucho nos tememos, que a la vuelta de las vacaciones todo puede seguir igual –o peor- si éstos chicos/as no se ponen las pilas y piensan primero en España, porque sus errores, cabezonerías, ignorancia,  irresponsabilidad o mala praxis, la vamos a pagar muy caro todos.

Hay ya demasiados grumetes y pocos capitanes experimentados capaces de llevar a cabo travesías comprometidas. Todos quieren manejar mi barca. Lo más mosqueable es que la mayoría de los  “pasajeros” desconfían con poder hacer un viaje tranquilo y seguro. Aunque sea corto. Ya está bien de aventureros…y de memeces.

Lo peor es cuando no se admite el fracaso reiterado, ni aceptar que las consecuencias de esa actitud cabezona e irresponsable puede perjudicar a mucha gente, incluidos los más próximos. Eso sí, no perdamos la esperanza de encontrar todos, la cordura y el camino de un feliz entendimiento, por el bien de España. Faltaría más.

 

España primero

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