Me gustan las series de televisión y me gusta la política. Esta es la razón de que vaya por la penúltima temporada de El Ala Oeste de la Casa Blanca. Intenté ver Borgen, que está tan de moda, pero no me gustó. No me creo el guion, que cojea por todas partes,  no me creo a los personajes, y no me interesa la historia en absoluto. Tengo la impresión de que han elegido a una mujer como presidenta para frivolizar toda la trama. Así que además de todo lo anterior, me crispa. Cuando acaba el capítulo me interesa la política danesa más o menos lo mismo que cuando llegué a este mundo. Por otro lado, mi alergia congénita a la violencia me impide disfrutar de House of Cards y de Juego de Tronos.

Disfruto con el Ala Oeste porque es como una buena novela: personajes bien construidos y diálogos lúcidos. No hay nada de improvisación en ella. Además es una buena iniciación a la política ficción. Cuando hablo de política ficción me refiero a ese modo de ejercer el poder para buscar el bien común. Estoy segura de que la política americana no es así ni mucho menos, pero sí creo que ellos están más cerca de este tipo de política que nosotros. Porque “lo nuestro” es de traca. Esto no creo que me lo vaya a discutir nadie.

Todas las noches, desde que los Reyes Magos la dejaron en casa, veo un capítulo como si fuera una medicina. Así voy sobrellevando “lo nuestro”.

En la serie, cada vez que el Presidente y su gabinete quieren sacar adelante una iniciativa legislativa deben buscar los votos de los congresistas de su partido. Uno a uno. No hay votaciones en bloque porque cada congresista debe dar la cara en su pequeño pueblo, debe responder ante sus electores. Alucinante, ¿eh? Ya les dije que era política ficción.

En el capítulo que he visto hoy, el jefe de gabinete de la Casa Blanca dice que lo urgente no puede hacer olvidar lo importante. Lo urgente en ese momento es un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos. Lo importante, continuar legislando sobre salud mental. Yo no me puedo imaginar cómo debe ser eso de que los políticos se preocupen de lo importante. Para oír hablar a uno de nuestros políticos sobre salud mental deberíamos rebuscar y rebuscar en las hemerotecas. Parece que no es un tema ni urgente, ni importante.

Otra cosa que me gusta de la serie es que el equipo del Presidente está compuesto por personas muy competentes. Lo dejo ahí. Que cada uno aderece el texto a su gusto. Yo le pondré vinagre.

También creo que buena parte de la ciudadanía está perdiendo el foco. Durante las movilizaciones del 15 M lo importante era acabar con el paro y con una serie de situaciones injustas que no han desaparecido. Ahora caminamos en la dirección que los partidos políticos marcan, que no es más que la de la consecución de sus cuotas de poder. Partidos políticos enteros, se alían para conseguir más escaños y, de esa forma, soslayan la diversidad ideológica del electorado. Sucedió en las elecciones catalanas y va a pasar de nuevo en las generales.

Los ciudadanos se están quedando sin opciones de voto porque ellos no quieren hacer su trabajo. Mientras, la ONG de Cáritas sigue desbordada.

Los partidos políticos han tenido la posibilidad de pactar el gobierno y desde ahí, el sistema electoral que critican. Pero no es eso lo que hacen. Porque para hacer eso es crucial ponerse de acuerdo con todos, y algunos han optado por demonizar al oponente y, en consecuencia, hacer lo propio con su electorado. A ese electorado lo han borrado de “gente” y de “pueblo”.

Para aprobar cualquier cambio en la Constitución, la reforma ha de ser aprobada por al menos la mayoría absoluta de los miembros del Senado y por dos tercios del Congreso. El último acuerdo fracasado ha sido el del recorte en los gastos de la campaña electoral. A estas alturas me cuesta trabajo creer que sean capaces de ponerse de acuerdo sobre de qué color pintar las paredes de la cámara baja. Por eso, valoro a los partidos que no se dedican sistemáticamente a atacar a otros. Esa es la posición desde la que se alcanzará el acuerdo necesario.

Ahora sabemos muchas cosas que no sabíamos cuando votamos el 20 D. Algunos estamos más indignados si cabe. La pregunta es: ¿quién se ha preocupado de lo urgente y de lo importante para la “gente” en estos últimos meses? ¿Quién tendrá la desvergüenza este 15 M de salir a la calle a ponerse la medalla?

Dicen que esto es el fin del bipartidismo. No les crean. Esto es la consagración de la partitocracia como mucho. Veremos a quien se comen en la lucha. Sólo pueden quedar dos. Enfrentados, claro.

 

Lo urgente y lo importante en el aniversario del 15M

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