El problema no son estos días en que en España se vive intensamente el carnaval, con todos los componentes cómicos y de divertimento necesarios, propios de la fiesta. Incluso, lleno de sana y burlesca crítica a todo el que se ponga por delante. El gran problema, es que los españoles estamos dolorosamente artos de zascandiles chiquilicuatres que le han tomado el gusto al jolgorio mediático, como una forma más de “vendernos su libro”, aún sabiendo que es un fracaso editorial.
Hay que reconocer, que algunos han tenido la “habilidad” de robar protagonismo y primeras páginas de periódicos, hasta a las actrices más guapas de nuestro cine. Para eso se quiere, a toda costa, sí o sí, ser “presi” y “vice” en un hipotético nuevo gobierno. Está bien que uno se arregle para éstas galas, pero no es de recibo que vaya desaliñado en lugares donde corresponde, aunque sea con traje de rebajas y corbata de regalo de cumpleaños. Claro que, en estos eventos, la cosa cambia.
Hay mucha prensa, mucha tele, mucha agencia y mucho voto “favorable” a las tesis facilotas. Y si puede ser, lograr un Goya meritorio para “los maestros” de la confusión y del disparate. Pactos, supuestamente cerrados, aunque lo disimulen, y que nos traen por la calle de la amargura. Tanto titubeo. Tanto subterfugio. Hasta se dedican “insultos”, hipócritas y comediantes, sabiendo lo que tienen detrás de la cortina. Más pronto que tarde, terminarán diciendo lo que en los antiguos carnavales ¿A que no me conoces? Y vaya si se conocen. Cocinan juntos salsas que no gustan mucho. Según a quién, claro.
Estamos acelerando el ritmo de 2016, y cuando nos demos cuenta habremos superado el verano, la feria y otra vez Navidad (si nos dejan celebrarla), y de seguir así, España será una caricatura. Ya empieza a serlo. Para algunos el guiñol de Europa. Demasiado títere en el escenario, incluso los hay quienes con sus muñecos han pretendido hacer proselitismo revolucionario ante unos niños asustados por lo que estaban viendo. Si ese va a ser el escenario habitual y la representación diaria de alguna gentecilla, apaga y vamonos.
Hasta los socialistas más veteranos, voces históricas que en momentos clave de la Transición asumieron mucha responsabilidad, aquéllos que como tantos otros de distinta ideología, decidieron en 1978 que era necesario acabar con las dos Españas, con los enfrentamientos ideológicos, cediendo y renunciando a muchas cosas. Esos mismos, están hasta el moño de tanto devaneo viendo que la pareja de moda se insulta, pero se dan piquitos detrás de la esquina.
Alfonso Guerra, por ejemplo, no soporta la actitud de Podemos a cuya formación dedica toda clase de epítetos. Y dentro del PSOE, hay otros personajes históricos que no comprenden la actitud pasota y pelotera de su secretario general. Así está el patio. Y lo peor, es que los españoles todos, vamos a pagar con creces éstos desfiles carnavaleros de unos y otros, como si se tratara de una gran mascarada disimulada por la música ruidosa y los trajes más extravagantes. ¡Fuera máscaras¡

La gran mascarada

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