Hay pocas cosas ya que no sepamos de los nuevos “Sindicatos Verticales”, porque hasta las que intuimos se convierten inexorablemente en realidades. El lunes, como cada año, se celebró el día internacional del trabajo con gran algarada colorida de rojo carmín y presencia en la misma de una gran mayoría que no precisa del trabajo para vivir. Los Sindicatos salieron a la calle y como siempre sus líderes se colocaron en cabeza sujetando la gran pancarta mientras los liberados se encargaban de ir a las sedes a recoger cada uno su bandera, porque pocos más que los líderes y liberados desfilaron por las ciudades españolas, si acaso alguna cabeza visible de los diferentes PSOE’S, una exigua representación riverita y como no, ¡qué boda sin la tía Juana!, el ruido podemita cuya sola presencia nos lleva a presentir el toque de tambor y el paso de la oca.

De los nuevos “ Sindicatos Verticales” sabemos casi todo;  que son unos parásitos que viven de los PGE, es decir,  de nuestro dinero;  que la pérdida de afiliación   es un chorreo diario; que siguen anclados en las postrimerías del Siglo XIX y principios del XX; que son unos corruptos y se llevan a manos llenas el dinero de quienes dicen defender; que sus planteamientos les lleva a la irrelevancia en el mundo globalizado que trae consigo un nuevo modelo de relaciones laborales; que son un clan mafioso donde unos pocos viven a cuerpo de rey  -soberbias mariscadas, pelucos de miles de euros y cruceros  por los siete mares- mientras sus defendidos sufren las inclemencias del tiempo en las largas colas del paro, etc. etc..

Han salido a la calle pidiendo empleo estable, salarios justos, pensiones dignas y más protección social y sobre todo, la derogación de las reformas laborales que les han quitado el chollo de los convenios colectivos sectoriales, que son cosa del pasado pero que les permitía ejercer el control de la negociación con la gran patronal obviando la realidad del mundo laboral español compuesto en su mayor parte de autónomos y pequeños empresarios. Amenazan con un “calvario” a los empresarios si no actualizan los salarios, sin percatarse en su delirio de que su insignificancia ya no preocupa a la patronal, que negocia pero cede solamente las migajas.

Cierto es que después de una crisis sobrevenida y mal gestionada por Zapatero y su Gobierno y que dejó a España al borde de la quiebra, quiénes más se resienten como no podría ser de otra forma son los asalariados y en el caso concreto español quien  más han sufrido la crisis  ha sido la clase media que ha estado a punto de desaparecer. Pero cierto es también que durante el Gobierno de Rajoy por causas internas y externas se han reducido en dos millones el número de parados, la inflación mínima y a veces negativa ha permitido mantener el poder adquisitivo, la bajada de los tipos de interés han beneficiado a los prestatarios y han facilitado la inversión por parte de empresas y autónomos.

Queda pendiente la asignatura de recuperar el salario perdido con los años y la crisis y esa no es asignatura que se apruebe en un año y menos amenazando al profesor. Recuperar el nivel salarial anterior a la crisis va a costar sudores mientras se mantenga un índice elevado de paro, porque aunque la inversión empresarial aumente la demanda seguirá siendo superior a la oferta y los empresarios, entre los que hay bastante  sinvergüenza usurero sin escrúpulos, tendrán la sartén cogida por el mango.

Tampoco estos “Sindicatos Verticales” que viven de los Presupuestos Generales del Estado están en situación de dar lecciones de nada. El mundo laboral ha cambiado, hoy los grandes centros de producción acogen a un sector minoritario del contingente obrero y en cambio acceden al mercado nuevas formas de sociedades y nuevos modelos de contratación  que nada tienen que ver con la  clásica división sectorial de los medios de producción donde los Sindicatos imponían sus intereses. La negociación salarial del presente y el futuro nada tiene que ver con lo que se negociaba decenios atrás;  muchas empresas apenas cuentas con empleados y sí en cambio con un componente importante de autónomos que les prestan los servicios; otras por su tamaño y dedicación suponen novedades cuyas condiciones han de negociarse de tú a tú entre patronos y empleados.

De la reconversión industrial llevada a cabo por Felipe González hasta nuestros días parece como si hubieran transcurrido siglos porque este mundo en nada se parece al de entonces. El problema es que los Sindicatos siguen anclados en ese mundo y así les va. Reconoce Ignacio Fernández Toxo  que ”está costando adaptar a los sindicatos a una  nueva realidad”;, al menos este veterano sindicalista lo reconoce, sin embargo cuando se oye al nuevo dirigente ugetista Pepe Álvarez decir que “la corrupción que se vive en España es pornográfica” refiriéndose el PP y en el mismo día que se detiene en Canarias al ex tesorero andaluz de UGT Federico Fresneda junto a otros cargos del Sindicato y una docena de empresarios de Madrid, Sevilla y Jaén relacionados con la trama de los cursos de formación, lo normal es pensar que nada nuevo hay bajo el sol sindicalista. Están para hacer política –pidiendo desesperadamente el voto para la izquierda- y para salir en la foto. Hoy las banderas ya están guardadas en las sedes y es hora de combatir la fatiga de la “manifa” con nuevas mariscadas y en ello estarán a buen seguro.

www.pacodelhoyo.blogspot.com

Primero de mayo, nuevo fracaso sindical

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