Primero yo y luego yo

…Y España, ya veremos. Tengo la impresión que esa es la convicción personal, y la otra, de algún político encumbrado de repente, más por su imagen de revista del corazón que por sus cualidades. Por lo menos, esa es la imagen que está dando. No sólo de cara a la opinión pública en general, sino a la interna de partido, donde el cabreo de mucha gente sensata es extraordinario y justificado, hasta el punto de que ya se ha roto la tradicional prudencia de guardar en la despensa de casa las diferencias.
Como pueden imaginar, me refiero a la actitud de ambición enfermiza por dormir en La Moncloa del líder socialista Pedro Sánchez. La penúltima “jugada”, el “préstamo” a ERC y a Democracia y Libertad de cuatro senadores socialistas, para que éstos grupos independentistas constituyan grupo propio en el Senado. Con todo lo que política y económicamente significa para el PSOE. Naturalmente, y aunque el todavía líder de la calle Ferráz lo niegue, entre otras pretensiones, encubierta con la llamada “cortesía parlamentaria”, está la más clara y rotunda que es la de recibir apoyos para erigirse en el próximo presidente del Gobierno. Maniobras que no sólo no han gustado a los barones más influyentes, calificando el ambicioso gesto de “indeseable” e “inexplicable”. Tampoco a buena parte de las bases, que para nada desprecian el legítimo derecho a gobernar, pese a no ser ya el partido más votado. En el PSOE hay mucha gente responsable que comprende que el bien de los españoles está por encima del currículo político del personaje de turno. Por cierto, ¿qué quería demostrar el señor Sánchez con aquélla gran bandera de España que le respaldó en un mitin en plena campaña electoral? ¿Sólo ganar votos? Viendo lo que hace, me perece una actitud hipócrita.
Al igual que ocurrió en la Transición, muchos, de izquierda, derecha o centro, cedieron y se dejaron ambiciones y proyectos en el camino, para lograr una merecida reconciliación y mejor desarrollo de la nación. España que hoy cuenta, y mucho, en el contexto internacional, con tanta movida e inseguridad, empieza a mostrar grietas preocupantes.
La ambición en el ser humano es innata, lo que ocurre es que no siempre está justificada. O sí, como en éste caso.
El señor Sánchez sabe que ahora o nunca. De no salirse con la suya, mucha gente de su propio partido, muy decepcionada, está esperando la ocasión para aparcarlo en vía muerta.
Tampoco se entiende en la gran casa socialista, que gente aspirante al despacho del jefe, al principio repartiera estopa al secretario general, como la señora Chacón, y ahora intenta justificar ciertas decisiones. Las lenguas de doble filo no han tardado mucho en ver en ese cambio de criterio una supuesta oferta de futuro ministerio. Pero eso entra en el capitulo destacado de la “fantasía” probable.
La ambición personal puede ser legítima. No tanto, si en ese juego malabares entra el futuro inmediato de España, tan cuestionado en éste momento por un mapa político más extraño y raro que un perro verde. Con grupos radicales y actitudes que tienen confundido al electorado, cada vez más arrepentido de haber tirado por la calle de en medio, por el sólo hecho de “castigar” a los suyos. Buena prueba de ello, es la reacción de los mercados internacionales, ante un futuro político, económico y social incierto de ésta España nuestra, a la que millones de ciudadanos preocupa mucho, no sólo por lo que ya está ocurriendo en muchos lugares donde se “gobierna” al modo y manera del mundo antisistema, sino lo que nos espera en los próximos meses.
Por todo ello, es difícil de entender el que el señor Sánchez siga dando bandazos, a su bola, sólo porque quiere ser presidente del Gobierno a toda costa, sin tener en cuenta la posibilidad de apoyar un gobierno sólido con PP y Ciudadanos, que es lo que ahora está necesitando España para seguir adelante.
Quizá porque tampoco entienda que lo más prioritario es evitar un mayor deterioro de la situación, lo que ya provoca divisiones y enfrentamientos, y, por tanto, la lesión inequívoca de los legítimos intereses de todos los españoles que son los que prioritariamente tienen que defender nuestros políticos y no los suyos. Si alguno no lo entiende así, que se marche.
Y de los que confunden el Congreso o el Senado, con la fiesta de la bicicleta o el mercadillo de su pueblo, confiemos que el tiempo, cuanto más corto mejor, entiendan cual es la responsabilidad que han asumido, mucho más importante que “vivir” temporalmente en tiendas de campaña en la Puerta del Sol. Eso sí, disfrutando ahora de un buen sueldo y de un aforamiento privilegiado.

Categoria La Opinión

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