Ya es la segunda vez en la que se ve a Sánchez envuelto en la bandera española coincidiendo, eso sí, con periodo de elecciones, dando la sensación de aquel que hacía un discurso de despedida a un difunto al que aborrecía. Y es que en el socialismo conviven, coexisten, se solapan “democráticas sensibilidades” con las que se justifica el españolismo y el antiespañolismo.

Uno de los grandes problemas del socialismo hispano es la diversidad de ideario, de convicciones, de intereses y por ende de mensajes. El hecho der ser un Partido federalista en su organización concede un margen a veces excesivo e indulgente de pensamiento propio y  deriva independiente, aceptándose la doctrina única que emana de Ferraz, más que por disciplina por conveniencia pero dejando al libre albedrío el sentir disgregador propio del federalismo  que se funda más en las diferencias que en las coincidencias.

De hecho es un Partido que envuelve a sus difuntos en la bandera tricolor, que a su vez adorna sus sedes y que guardan celosamente en los armarios con antipolillas  en la esperanza de poder ondearla públicamente habiendo vencido a la otra España, la de la bandera roja y gualda que la Constitución establece pero que siempre fue aceptada a regañadientes, aunque en la élite política se disimulara pero no entre las bases y las casas del pueblo. Hace unos días los miembros de las juventudes socialistas de Cantabria se fotografiaban en público, al final de un congreso, rodeados por una bandera republicana sin el menor sonrojo. En la Cataluña profunda la bandera nacional hace tiempo que desapareció  de los ayuntamientos al igual que en el País Vasco y Navarra y por contagio en muchos lugares de Baleares y hasta en la hasta ahora españolísima Valencia.

No es cosa que preocupe a los socialistas, que critican el uso de España y  la enseña nacional por los partidos de la derecha cuando a ellos les quema la mano el cogerla, a no ser que una vez que se les ve el plumero por las cesiones a los independentistas y a la vista de que el personal se les cabrea, se envuelven en ella en unos cuantos días de campaña para guardarla después en el desván y se dan cita en las salas de desinfección y desintoxicación para eliminar cualquier contagio que pudiera manchar su alma tricolor. El concepto de Nación es discutible y  discutido decía el “Mr. Bean” español  y en esas se mantiene el “Apolo del Olimpo monclovita”. Como la nación española es discutible y discutida, su nombre y sus símbolos son de quita y pon, a conveniencia del escenario y el momento. Me gustará ver al farsante de Iceta envuelto en la bandera española dando un mitin en las Ramblas.

“Ahora Gobierno, ahora España” ha dicho el oráculo Iván Redondo a Sánchez y los suyos que es lo que hay que decir en esta campaña. Y dice José María Carrascal “¿ahora España y antes no?”. Pues no, efectivamente, Antes Sánchez la ha tenido escondida no fuera a ser que en Cataluña se la oyeran demasiado, como tampoco le ha parecido oportuno nombrar a la “bicha” España en sus tratos con los miserables filoetarras navarros y en otros muchos apaños provinciales y locales. Que ahora que le ve las orejas al lobo se acuerde de España cuando se nota a la legua el repelús que siente por sus símbolos y especialmente por la más alta jerarquía, la Corona,  no es gesto que convenza a nadie salvo a ese mundo de ciegos en el que Sánchez es el tuerto, si en cambio deja entrever que en su “Mein kampf” es capaz de pasar hasta por encima de sus ancestros con tal de seguir a lo Domenico Modugno cantando “Volare”.

“Ahora Gobierno, ahora España”. Ya en Abril pudo haber Gobierno y ya en Abril había España. Venir ahora con ese cuento no cuela. Él ha preferido «Nel blu dipinto di blu» en su Falcon sin recordar el refrán castellano que dice-y en su contenido se expresa mi deseo- que cuanto más alto se sube mayor es el porrazo. El 10-N puede que el  “Air Force One Falcon” se vea  obligado a un aterrizaje de emergencia. Dios lo quiera y VOX lo permita.

PSOE, españolismo de conveniencia

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