Hoy es el primer miércoles de Pascua en el calendario litúrgico cristiano. Atrás quedaron  pregones y desfiles procesionales. El bancero ya ha guardado en el baúl la túnica, cíngulo y capuz;  las manolas su traje enlutado, la mantilla y la teja; el capataz ha cerrado el portón que encierra banzos, hachones y horquillas. Se pierden en el aire las saetas y se secan las lágrimas de la emoción.

Hemos vuelto al día a día, unos en el recuerdo de todo  lo representado en el párrafo anterior, otros con la satisfacción  de haber pasado unos días agradables con familiares y  amigos y otros, por desgracia, llorando la muerte de seres queridos que quedaron en el camino de ida o en el de vuelta en un año aciago en el que se han superado las peores previsiones.

La Semana Santa es una celebración  cristiana que al igual que la Navidad forma parte de nuestra cultura  secular y, aún siendo celebrada por una gran mayoría de españoles, han sufrido de persecución y prohibición en determinados momentos de la historia. Recientemente y a raíz del auge de determinadas formaciones políticas que hacen bandera del odio a nuestra cultura, nuestras creencias y nuestro modelo de organización social, han surgido brotes de intransigencia, acoso y persecución en aquellos lugares donde el mercadeo político ha puesto los sentimientos del pueblo como moneda de cambio para conseguir el poder o mantenerse en él.

De nuevo la chusma podemita y sus allegados han vuelto a cargar, no contra el cristianismo que sin duda les superará en el tiempo, sino contra los valores creados en veinte siglos de cultura cristiana que chocan con su interpretación simplista de la existencia. Lo que han intentado hacer ya lo hicieron sus abuelos y fracasaron; no solo fracasaron sino que transmitieron esa sensación de fracaso a sus descendientes,  que ahora, convertida en odio,  cargan ridículamente contra todo aquello que no entienden, que no alcanzan a ver,  que confunden, que desconocen. No hay más que ver el  tremendo ridículo de la procesión del coño o la meada de la marrana de Femen,  jaleadas por toda su parentela antisistema   y permitida por autoridades que desconocen u olvidan los derechos y los límites que la Constitución establece.

En su cruzada por mantenerse en Fuensalida,  Emiliano García-Page, va a desterrar al  cristianismo de los centros públicos y sobre todo  de allí donde la gente recurre a sus creencias para buscar amparo a sus males. Page va a cerrar las capillas de los hospitales y va a hacer desaparecer la figura del sacerdote que visita a enfermos que los requieren en sus últimos momentos. Page, católico, apostólico y romano, monaguillo de Bono, parece renegar de sus creencias y vende su alma al diablo podemita por un despacho en Fuensalida, olvidando que es el Presidente de todos los castellano  manchegos y que en su  Taifa la mayoría creen en Dios y en su Santa Madre y aún siendo más o menos religiosos, cuando la necesidad  aprieta y la vida peligra siempre recurren a ellos.

Pensaba continuar pero me acaban de recordar la publicación en el  BOE Nº 67 de 18 de Marzo de algo que jamás esperé que pudiera hacer un Gobierno del PP,  dar alas al Islam  en el momento más inoportuno y de más riesgo para la civilización cristiana occidental, la Resolución de 14 de marzo de 2016, de la Dirección General de Evaluación y Cooperación Territorial, por la que se publica el currículo de la enseñanza de Religión Islámica de la Educación Infantil.

España se rinde al Islam. Un tema interesante para la próxima semana.

FRANCISCO DEL HOYO

Semana Santa o Fiesta de Primavera

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