Uno de los ritmos que llegaron del Caribe a la radio española, entre principios de los años 50 y 60, además del mambo y del cadencioso bolero, todos procedentes de Cuba, fue el chá cha chá, precursor de algunos movimientos del twist de los 70. Sea como fuere, quien los escuchaba, sentía que el cuerpo y las piernas trataban de seguir el ritmo, casi sin pretenderlo.
Uno de aquéllos temas decía, algo así como “sube y baja el telón, cha, cha, chá”, para que los protagonistas improvisados movieran el esqueleto, desaforados, obligados por el fuerte ritmo que imprimía la orquesta en aquéllos entrañables discos de vinilo, en las grandes galas de la tele en blanco y negro o en salas grandiosas salas de baile.
Aunque las comparaciones son odiosas, que dirán algunos, es un calco bien logrado lo que está ocurriendo en la política española. Aquí hay, eso sí, cada vez menos, quienes intentan seguir el ritmo que tratan de imponer, a su bola, los “directores” mandatarios de orquestas tan desafinadas últimamente, como las de algunos grupos políticos que tanto confunden a los espectadores, incluidos acomodadores y taquilleros propios.
No sólo no saben marcar la pauta, sino que confunden las notas del pentagrama, y la batuta, sin fuste, intenta moverse acompasada, obsesiva, con notas inventadas y sin sentido, que rompen con la lógica y el ritmo de presuntas buenas orquestas.
PSOE, Podemos y Ciudadanos, o mejor, sus líderes, andan tan confundidos, que no saben si van o vienen. Y sin embargo, siguen erre que erre, en su empeño de “o yo, o nadie”, sin asumir que muchos millones de españoles les han dado un nuevo toque de atención. Quizá alguno piense que seria “una delicia” imponer a los españoles “ritmos” cubanos de hoy. Esa Cuba entrañable que nada tiene que ver con la de aquéllos años.
Después de éste nuevo tirón de orejas, pretender, tozudamente, seguir vendiendo la moto que apenas arranca, sin GPS, con rutas equivocadas, buscando el oasis que no aparece, como si realmente fueran los salvadores de la patria, en la que algunos ni siquiera creen, es de lo más absurdo y peregrino que hemos visto.
Yo creía que estos señores, presumiblemente inteligentes, entenderían, para bien de todos los españoles, el mensaje de las urnas. Igual que casi siempre ha ocurrido. Y no ha pasado nada.
Es un grave error, intentar, sí o sí, que el telón ideológico de todos, siga subiendo y bajando a capricho, para disfrute de los menos, imponiendo falsas escenas y ritmos que seguramente no convienen tanto como ellos piensan, y que sólo nos llevarán a un escenario indeseable para la mayoría, aunque con tímidos aplausos propios del presunto protagonista de la obra, y poco más, y sí improperios de la ciudadanía a la que tanto les gusta pelotear con recursos populistas para llevarlos al huerto. La prueba la tenemos en líderes en desbandada, que ya cogieron las riendas en clave de crisis interna y lo acaban de dejar peor todavía, como no podía ser de otra manera.
En el PSOE no quieren terceras elecciones, dícen, pero se atragantan de tanto repetir “No” a Rajoy, por la tontuna equivocada de un “líder” entrecomillado, ambicioso, en una onda personal “sublime” y con poca sustancia política, a decir incluso por algunos de los suyos. El PSOE hace falta, es importante en España, pero un partido socialista fuerte y responsable, como en otro tiempo, más o menos reciente. Y encima, sigue poniendo a parir a Iglesias.
Por su parte, Pablo no ha encajado bien el resultado convincente de las pasadas elecciones. La prepotencia no le deja ver más allá de sus narices. Debería entender que la democracia es así. No al modo de otros lugares y líderes que tanto quiere. Y en cuanto al joven Rivera, no ha sabido dosificar el “esperanzador” éxito inicial. Ha sido la gran decepción también con el “NO” rotundo a Rajoy, cosa que hace unos días volvía a desmentirse. Y así sucesivamente…Total, éste chico tiene un cacao mental tremendo. Hoy sí, mañana no y un largo etc. Lástima, porque había despertado simpatía, por su forma de llegar, de decir y de plantear proyectos que, a lo que parece, se quedan en agua de borrajas.
Y así están las cosas, más movidas y confusas que una partitura en la que se mezclasen las notas de ritmos tan obsesivos y cadenciosos como el chá, cha, chá, el bolero o el mambo, con un director de orquesta sólo amante de la música clásica más rancia. Quizá todos ellos, necesiten un concierto de pasodoble tradicional español, incluyendo a los clásicos taurinos, para que despierten del letargo y de la fantasía más disparatada. Por aquello de la larga cambiada, pases de pecho, chicuelinas y molinetes, intentando una buena faena de maestros y no de espontáneos. También en eso, el tiempo, la razón, el arte y el sentido común ponen a cada uno en su sitio.

Sube y baja el telón

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