¿Y ahora qué?

A Mariano Rajoy le han dado la Noche Buena. No hizo caso del refrán que dice “Confía en Dios y no corras” y se confió en Pedro Arriola y Jorge Moragas y no inició a tiempo la carrera electoral y así le ha pasado. Ahora le toca correr de casa en casa para ver quién le apoya o quién se abstiene, con el enemigo, léase El País, El Mundo, Libertad Digital y algún otro, sembrando cizaña en casa de los contrarios. Pero Rajoy es testarudo y formará o no Gobierno,  pero irse, eso no lo verán los que claman desde estos medios.

Pedro Sánchez, que no cree en nada que no sea en él mismo, tampoco va a celebrar la Noche Buena por mucho que lo pretenda porque ya se encargará Susana Díaz de agriársela, como en la noche del lunes, a ritmo de campanilleros en la madrugá de un nuevo PSOE, en el que Sánchez tendrá poco que ver, si pacta con el frente popular como si no lo hace.

Albert Rivera va a entonar el “25 de desembre fum fum fum”  con los cuarenta infantes del Coro Infantil del Orfeó Catalá y “ Fagi fred, fagi calor, serà millor, serà millor, que de desembre en fem memòria, perquè ens vulgui dalt la gloria. A punto estuvo de alcanzar la gloria y ha ido a caer en el limbo, allá donde habitan los “ni fu ni fa”.

Pablo Iglesias, como no cree en Dios, va a celebrar el nacimiento de Podemos, no en el portal de Belén sino en el portal de  la casta, porque hasta ahora era solo casta local o regional; ahora ya pertenece a los tres niveles, o sea caspa total.

¿Y ahora qué?. Los que hemos pensado, dicho y escrito en numerosas ocasiones que era necesario un partido bisagra que pudiera echar una mano en las mayoría relativas de los dos grandes,  pero sin ser nacionalista / independentista por el alto precio que ponen a sus servicios, nos hemos quedado con dos  palmos de narices al verse frustradas las esperanzas que pudiéramos haber puesto en Ciudadanos. Los cuarenta valientes que decía Rivera en la noche electoral van a deambular sin más oficio durante cuatro años por el desierto a no ser que el guía les lleve a un pacto de legislatura con el PP.

Si lo que creo se cumple, que Mariano Rajoy gobierne en minoría, con pactos de legislatura o puntuales y disponiendo de una minoría de bloqueo en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado, Pablo Iglesias se tirará  a la calle, ahora ya  reconvertido otra vez a revolucionario y montará “quinceemes”, “veinteefes”, tomará las plazas –mejor dicho, llenará de mierda las plazas- y se convertirá en el cristo de los internautas y de los incautos hasta que estos aprendan a discernir sobre lo que es necesario, auténtico y viable, de lo que  es pura demagogia y populismo.

Si lo que creo se cumple, Pedro Sánchez seguirá en su puesto hasta el próximo Congreso pero no como gallo de Ferraz  sino como palomo alicortado de San Telmo. La operación de convertirse en señor habiendo sido vasallo no le ha dado resultado, sobre todo porque a quién sirvió goza de buena salud. Si pacta con Podemos firmando la independencia de País Vasco, Cataluña, Galicia y El Bonillo y dotar a los españoles de una nueva Constitución revolucionaria, habrá llegado donde iba, es decir a ningún sitio porque estará Rajoy para frenarlos en las dos Cámaras, habrá culminado sin honor su carrera política y le horrorizará verse en el espejo la aparición de las primeras arrugas.

“España no la va a conocer ni la madre que la parió”, decía Guerra, sin pensar en aquel entonces que el PSOE pudiera estar donde Zapatero, Rubalcaba y Sánchez lo han dejado. El futuro más próximo no parece halagüeño. “Los enemigos de España no descansan”, decía Franco y llevaba razón porque a un día de las elecciones los mercados y el Financial Times no paran de enviar mensajes catastróficos que nos asemejan con Portugal y Grecia.

Yo espero que la cordura de la clase política se haga notar. Ahora es cuando se va a ver quién tiene madera de hombre de Estado o quién juega solo al corto plazo. Si por Sánchez fuera, ya estaría como Mas llamando a todas las puertas de la rojeria y el independentismo vendiendo su alma al diablo con tal de ocupar la Moncloa. Si el PP consigue gobernar, abriendo las ventanas y aireando las alfombras, tendrá más fácil remontar porque Ciudadanos se va a desinflar pronto si no sale del limbo. El PSOE lo va a tener más difícil porque, a poco que se descuide, tiene agazapado y al acecho a un depredador que ya se ha tragado prácticamente a IU –Garzón acabará uniéndose a Podemos- y va a por ellos porque Iglesias ya se considera el conductor de la revolución y la izquierda no admite disidencias. Si hubiera que volver a votar en primavera, el fracaso de la actual clase política seria de órdago.

Categoria La Opinión

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