Falta menos. Depende para qué. España está en esa disyuntiva de desconocer lo que el futuro inmediato nos tiene reservado. Ya falta menos para entrar en el Guinness de los Récords. Esta primavera las margaritas se van a quedar sin hojas de tanto titubeo: “ si, no, si, no, si no…” Somos tan así, que diría un  popular dramaturgo, que no sabemos medir nuestros límites. Para bien o para mal. Eso sí, sea como fuere ¡ya falta menos¡

Estamos tan metidos en los acontecimientos de todo tipo, que nos supera la lógica y el raciocinio. Incluso el más optimista y cachondo del lugar, suele decir que el final de todo este lío está más próximo que el principio. Según qué cosa, digo yo.

Si algo nos caracteriza a los españoles, es que compartimos, a partes iguales, el exceso de confianza y el temperamento incontrolado y variable. Si nos da el ventusque, solemos tirar por la calle de en medio, sin detenernos a contar hasta diez, aunque luego nos arrepintamos de ese pronto tan vehemente. Como diría Don Quijote “las aventuras y desventuras nunca comienzan por poco”.

En éste momento, estamos metidos en aventuras y desventuras. Lo peor, es que sabemos de antemano a donde nos pueden llevar unas y otras. Eso es lo peor. Tampoco nos vale aquello de que “la experiencia es un grado”, porque si así fuera no nos adentraríamos irresponsablemente en más callejones sin salida o con demasiados rincones oscuros. Sobre todo, si las experiencias no han sido ejemplares, precisamente.

Nos asquea el ambiente de corruptelas que nos rodea. Da lo mismo el nombre, apellidos, el color personal o político. Unos empezaron. Otros les toman el relevo y otos no paran. Algunos más andan por los tejados intentando no hacer ruido, ni que se les vea detrás de la chimenea, haciéndose los despistados pero cantando aquello  de “pío, pío, que yo no he sido”.

Además, con actitud chulesca y poca discreción, haciendo gala de sus ropajes de nuevos ricos, con más trampas que chinos, engordando la bolsa diariamente, sin importarles a costa de qué y de quién. Otros han vuelto al patio común vigilado. Era cuestión de tiempo.

Incluso los hay mediáticos que están saliendo del entorno de las rejas, en olor de multitudes. Como héroes.  ¡Tócate esa mandarina, Pepe¡

Esa es la España que no nos gusta. Tampoco esa otra que se salta la Constitución alegremente, con gestos demagógicos trasnochados, que sólo pueden provocar enfrentamientos innecesarios a éstas alturas del siglo XXI. Todo el mundo tiene sus razones y sus banderas.

Seguramente, el triste espectáculo que están dando ciertos políticos, empeñados en ser “lo que no está en los escritos”, hace mucho daño a España. Más de lo que puedan imaginar. Y aunque ellos no lo crean, tampoco es lo que desea la mayoría de los ciudadanos.

En cosas de política, serias, lo que menos importa es el encanto personal, sino la valía, el talante y la responsabilidad de saber valorar hasta dónde uno puede llegar. Algunos juegan a serlo todo, sin ser nada. Otros, amantes empedernidos de la demagogia retorcida, olvidan que estamos en un siglo avanzado, y ni podemos, ni debemos, volver a “leer” capítulos afortunadamente  superados.

En estos asuntos es donde debe jugar limpio la responsabilidad y el sentido común de todos los españoles, sea cual fuere su forma de ser y de pensar.

Ya falta menos para saber a qué atenernos. Muchos dirán “falta menos ¿para qué? Hay quien suele decir “me alegro que me hagas esa pregunta”. Veamos, si ha pasado la Navidad, los Reyes Magos cargados de “regalos”, la Semana Santa, la feria de Abril de Sevilla y Moros y Cristianos, todavía a tope, las próximas vacaciones de verano, a la vuelta de la esquina. Pero el que no cesa es el Carnaval, que se prolonga con la que tenemos encima. No, precisamente,  aquél de las máscaras y la juerga, sino el político. El que va y viene sin saber dónde aterrizar.

No dan un segundo de tregua, hasta que en unos días, cuando menos lo pensemos, PSOE y Podemos, por ejemplo, digan a los cuatro vientos (no sólo discrepancias e insultos) que ¡por fin¡ han llegado a un acuerdo para poner en marcha su deseado “gobierno del cambio”, cuya duración, si se materializa, es tan incierta como una quiniela de 14, salvo que se marquen todas las casillas con un triple pronóstico para no equivocarse. A pesar de tanto paripé, ese emparejamiento es más que probable. Otra cosa es que los números y las políticas cuadren. De un lado y del otro están “locos por esa copla”. Luego, que cada palo aguante su vela, aunque mucho me temo que seremos nosotros los ciudadanos de a pié los que tengamos que evitar que el viento vuelque el palo mayor y caiga sobre la tripulación.

No me importa repetir lo que tanto decía Alfonso, entrañable compañero de trabajo “Sed buenos…y no como siempre”. Es una frase lapidaria pero con una gran carga de verdad.

Esperemos que ocurra lo que ocurra, incluidas nuevas elecciones, sea para mejor. Que España cambie de rumbo. Que desaparezca la corrupción y la ambición política sin freno. Que se potencie el trabajo y la cordialidad. Que el mundo siga mirándonos con buenos ojos, sin recelo. Que nuestra economía no quiebre y vaya mejorando. Para todo eso ¡ya falta menos¡.

 

 

 

 

Ya falta menos

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