Haciendo un repaso de los distintos medios de comunicación, durante los dos últimos meses, observamos que lo relacionado con la corrupción ha tenido un importante salto cuantitativo y “cualitativo”. Desde Mario Conde, que eludió su deuda por el saqueo de Banesto, que ha sido detenido por blanquear el dinero que había estado oculto durante 22 años. Pasando por los papeles de Panamá, donde Cañete, exministro de Rajoy, actual Comisario de la UE y Soria ya exministro por la situación creada. ¿Como después de dimitir, el Consejo de Ministros, en la rueda de prensa posterior la “voz del Gobierno”, dice que la actitud del ministro le honra? ¿Le honra??? En latín, honos venía a señalar al cargo público de carácter político que se premiaba con el reconocimiento por su rectitud y ejemplaridad. ¡Que ocasión perdió el Gobierno de callar! Siguiendo por los jefes de Manos Limpias??? y Ausbanc por extorsión. Para terminar con Martínez Pujalte y Gómez de la Serna diputados y denunciados por cobrar trabajos inexistentes. Sin olvidar al exembajador en la India, Gustavo de Aristegui. Situación que produce perplejidad, desasosiego y preocupación. Perplejidad por el silencio cómplice del Gobierno, ahora en funciones y antes cuando “funcionaba”???. Desasosiego en la ciudadania ante el descaro de los supuestos delincuentes. Preocupación de esa ciudadanía, por el daño directo, que nos hacen desde el punto de vista: ético, moral, político y económico. A lo que habría que añadir el descrédito y deterioro de nuestra imagen de país. Esta es no es la marca España que necesitamos.

El título de este artículo, junto a “Una bomba de racimo” o “El comportamiento que mancilla la democracia”, son las definiciones de la corrupción política de algunos de los asistentes al debate, hace tres años,  en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, promovido por el Círculo Civico de Opinión. En el debate concurrieron cuatro perspectivas complementarias sobre la corrupción: la ética, la jurídica, la económica y la política. Cualquiera de ellas explica por si sola la corrupción y su persistencia. Pero la conjunción de las cuatro explica además la dificultad de erradicarla.

Desde la dimensión ética, visión de Victoria Camps, la corrupción tiene su origen en la inmoralidad individual. El sistema puede incentivarla o penalizarla. La corrupción existe, ante todo, porque hay individuos corruptos. “El derecho no está para hacer buenas a las personas”, recordaba Victoria Camps. Es decir, pueden mejorarse las leyes y los mecanismos legales para que se cumpla, pero siempre habrá zonas grises donde el individuo tendrá que decidir si cumplir o no cumplir Esa dimensión ética también alcanza a la sociedad. Si la corrupción existe es también porque en ocasiones existe “complicidad social” con la corrupción. Se reelige a políticos corruptos porque “son de los nuestros” o, porque los de los demás son más corruptos. Todo ello refleja una sociedad con valores muy débiles y no compartido por todos. La profesora Victoria Camps señaló la tarea de denuncia de la corrupción y reconocimiento del buen político” que debe hacer la prensa, presentando la “conciencia cívica” como el mejor motor del cambio

La perspectiva legal fue señalada por Santiago Muñoz Machado. Considera que las administraciones públicas pueden ser un incentivo para la corrupción. Por un lado  regulan hasta el más mínimo detalle y plagan la vida económica de permisos, autorizaciones y licencias, lo que supone dotarse de una capacidad de poder arbitraria sobre los ciudadanos y empresas, que intentará zafarse de la lentitud y exigencia de la Administración. Por otro, las propias administraciones, conscientes de la maraña que crean, deciden eximirse así mismas de las regulaciones que han aprobado creando entidades de todo tipo, para funcionar con normas más flexibles y opacas. No necesitamos más leyes para luchar contra la corrupción, mantuvo Muñoz Machado, sino mejores leyes, que se apliquen más rápidamente y que liberen a los administrados da la arbitrariedad.

La percepción económica corrió a cargo del Catedrático de Economía Aplicada, José María Serrano Sanz que expresó su preocupación por el “serio problema” que supone la corrupción en la vida económica de un país y su reputación internacional. Estamos en el intento de salida de una   segunda recesión, de más de seis años, con una tasa de paro de más del 20%, con un déficit público que no cumple lo comprometida con la UE los cuatro últimos años. Serrano Sanz cree que la corrupción política ha creado en España una clase rentista, parásita, que se beneficia de un sistema no productivo.

Esto desemboca en un aumento de la desconfianza entre los agentes del mercado y obstaculiza la política económica al deslegitimar a los responsables políticos para pedir “sacrificios necesarios para los tiempos de crisis” Estan interesados en cerrar los mercados e impedir que la Administración sea transparente y eficaz, consolidando una cultura de la subvención y de la concesión. El profesor Serrano Sanz estima, que la corrupción no es generalizada, pero si muy intensa en sectores como el urbanismo y los contratos públicos, abriendo la vía a la corrupción política.

La visión de la dimensión política de la corrupción la desarrolló el profesor Fernando Vallespín, Catedrático de Ciencia Política. Aseguró que “la corrupción genera desafección, nihilismo político y abandono de los partidos como canal de deliberación”, incidió en la responsabilidad ciudadana.”La corrupción no es cíclica. Ocurre sistemática mente desde el comienzo de la democracia y nunca ha dejado de crecer. Pero en época de bonanza nos ha dado igual. La diferencia entre la nuestra y otras culturas más cívicas es que aquí se conjuga mal el verbo responsabilizarseEn definitiva la cultura política de los españoles no ha sido muy exigente en materia de ética política y asunción de responsabilidades Quizás esta crisis podría estar dando lugar  a mayor nivel de exigencia y, en ese sentido a la igualación progresiva de España con otros países de nuestro entorno. Donde la ciudadanía es mucho más exigente.

Hemos visto que el perfil de la corrupción responde a: individuos inmorales, administraciones públicas tramposas, empresarios rentistas y partidos políticos opacos. Para dejar atrás la corrupción urge: mayor autoexigencia individual; un Estado eficaz; empresarios que quieran competir y partidos políticos abiertos. Casi nada el reto.

Al terminar el debate el moderador, Iñaki Gabilondo rescato algunas de las observaciones de los ponentes, que sostenían que el rechazo a la corrupción había emergido como consecuencia de la crisis económica y dejó la pregunta incómoda, pero necesaria: ¿Ha cambiado realmente la sociedad o pagaríamos de nuevo corrupción a cambio de prosperidad?

 

 

Corrupción. Un veneno que se expande

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