Navajas suizas

El futuro de los jóvenes, a nivel laboral, se ponderará según su polivalencia, y a partir de ya –puesto que el futuro es presente- se valorarán aquellos perfiles que revistan un carácter multimedia. De ahí que en el argot se haya acuñado el término perfil “navaja suiza”, utensilio bermellón que si bien nunca me ha convencido, cierto es que sirve para todo, en detrimento de nuestra navaja albaceteña, que parece definir, únicamente, a potenciales de un único filo.

Nos encontramos, por tanto, ante la transformación versátil de los perfiles profesionales, que deberán ser capaces de adaptarse al medio, como en la jungla, y ajustarse a cualquier reto que les sea exigido por, en ocasiones, los delirantes anhelos de los directivos de turno. Confiemos en que sus retribuciones también sean multimedia o cuanto menos multiformes, a fin de no contar las empresas con ingenieros a precio de torneros fresadores y que ningún programador trilingüe experto en robótica quede únicamente para subirle cafés al jefe y mediante un pírrico salario.

La habilidad digital pasará a formar parte de lo más valorado, en detrimento de la formación universitaria y los idiomas, que se darán por sentados. El nuevo idioma es internet y el manejo de canales virales de información, foros, blogs y toda la parafernalia mediático-digital, la cual se antoja clave y decisiva para el acceso al mundo laboral.

Cierto es que hoy día cualquiera es capaz de obtener un título universitario, incluso aquellos que piensan que Tiziano era uno que pintaba con una tiza, por lo que al igual que una empresa sin presencia en internet no existirá dentro de diez años, a partir de ahora de nada servirá poseer un expediente académico tan brillante como el del Licenciado Vidriera si uno no es a la vez un excelso navegante internauta, y será decisivo, cual marinero, el manejo de toda suerte de plataformas y redes, mientras que los aparejos y herramientas a utilizar serán digitales, en sustitución del anzuelo y el palangre.

Tal y como nos predijo Miguel de Unamuno, “renovarse o morir”. Así las cosas, el nuevo perfil profesional debe conllevar, entiendo, la necesaria adaptación de los diferentes programas universitarios y de formación, a fin de adecuarse al nuevo mundo laboral y evitar el autodidactismo, muy útil pero escasamente rentable a efectos curriculares. Se postula, en definitiva, un nuevo modelo formativo en el que será el propio alumno el que configure su educación, como si se tratase de adquirir su propio coche, en sustitución del actual modelo cerrado. Hablando de coches, para Henry Ford –el hermano de Roque-, “el verdadero progreso es el que pone la tecnología al alcance de todos”, y es que la tecnología, como la cultura, deben figurar necesariamente en la escuela, puesto que tan importante es una cosa como la otra, y tan necesario resulta que un licenciado sepa conectarse a un entorno como que un blogger sepa quién era Severo Ochoa.

Algún pseudo visionario, ejerciendo de Nostradamus, ya se ha aventurado a pronosticar que en el año 2030 el 50 % de las profesiones serán de nueva creación y se buscarán candidatos que sepan trabajar en equipo y en entornos virtuales. Asistimos, por tanto, al final definitivo de la praxis laboral de nuestra generación precedente, según la cual nuestros padres empezaban a trabajar en Telefónica, como Almodóvar, y se jubilaban en Telefónica, la cual se reemplazará, según estimaciones, por el desempeño de al menos ocho diferentes trabajos a lo largo de la vida, lo que sin duda enriquecerá a los hoy todavía niños aunque les obligará, muy probablemente, a vivir cerca de una maleta.

Hemos pasado de buscar a alguien “que sea una máquina” en algo a buscar una máquina, a secas, y que sirva para todo, según los headhunters, arengados por gurús virtuales como Steve Jobs o Bill Gates, quien se enfrascó en contratar directivos fracasados por su posterior potencial creativo, lo cual nos da una idea del rasgo profesional hoy día buscado.

Toda esto está muy bien siempre y cuando no se conculquen derechos laborales y sociales que han sido complejos de instaurar y que empresas como Google, por ejemplo, para conocer y comprender el significado del término “conciliación” no tengan que acudir a su potente buscador…

Francisco Molina Martínez. Abogado

 

Categoria La Opinión

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