Se gestiona con dificultades

El nuevo sistema determinado por las urnas tras los resultados del 20-D, supone para España un paso más para la refundación e las bases en las que se asienta el sistema de partidos. Este nuevo orden partidista está consiguiendo relegitimar el sistema político español. Este nuevo sistema no supone una revolución, pero sí un cambio importante, al reflejar el deseo de los españoles, que piden diálogo, negociación y consenso. Hemos de aprender a convivir en un escenario de minorías parlamentarias, con la necesidad de dar lo mejor de nosotros mismos.

 

¿Por qué el bipartidismo entra en crisis incluso en Reino Unido, que lo tenía casi como una seña de identidad? La primera razón, ha sido debido al cambio en las estructuras de clases en las sociedades europeas, en general y española en particular. El régimen bipartidista, se ha quedado demasiado estrecho para integrar la realidad social y mucha gente se está sintiendo excluida Otra razón añadida es el agotamiento del bipartidismo por la ausencia de alternativas reales. Sobre todo en materia económica son absolutamente continuistas. La voluntad de atraer a la inmensa clase media, hizo a los grandes partidos cada vez más semejantes.

 

La razón última es una razón práctica: cuando en España tenemos un escenario marcado por la falta de expectativas, con muchos ciudadanos en precario, con comportamientos cargados de complicidad y corporativismo – entiéndase corrupción y prepotencia – , han alejado a los llamados “políticos tradicionales” de la política. Lo peor que le puede ocurrir a una sociedad es perder la idea de futuro. La ciudadanía ha reaccionado ante la crisis reclamando atención y reconocimiento. Y si los llamados “partidos tradicionales” no les atienden, escuchan otras voces. El bipartidismo quiso sobrevivir, quizás aplicando la ley del mínimo esfuerzo, neutralizando y despolitizando a la ciudadanía, quedando reducida mujeres y hombres a una sola dimensión, LA ECONOMICA, y la ciudadanía afortunadamente se resiste.

 

El sistema político español es un sistema parlamentario y los sistemas parlamentarios son proclives a las coaliciones y pactos electorales. Lo valida la experiencia comparada, pues en Europa es lo habitual. De los 28 Gobiernos de la Unión Europea, 22 son resultado de una coalición entre dos o más partidos. El fuerte bipartidismo que ha dominado la política española desde el fin de la Transición ha ocultado esa característica, pero el vuelco electoral provocado, en principio por la crisis económica y después, por la crisis política, ha vuelto a poner sobre el tablero político la necesidad de que se formen pactos de dos o más grupos para poder alcanzar la influencia en el poder que no lograrían de manera separada.

Aparte de la experiencia de nuestros vecinos europeos, la coalición de Gobierno es la solución menos mala en un escenario de fragmentación parlamentaria. Y en ciertos casos, no se trata sólo de la más aconsejable, sino de la única posible, por imperativo de la aritmética parlamentaria: entonces haremos e la necesidad virtud, a la espera que el hábito haga al monje. Un Gobierno pluripartidista suele ser la salida que ofrece mayor estabilidad política – valor evidente, sobre todo en épocas críticas -, en defecto de uno de mayoría absoluta. Ofrece más solidez que un Gobierno en minoría con alianzas parlamentarias de legislatura, forma más volátil.

 

Si hay Gobierno de coalición ha de ser sobre un programa, con un listado de reformas y con calendario de ejecución. Es fundamental que el “ambiente” de los coaligados se de compromiso, confianza, discreción, lealtad e inteligencia. Existen reglas casi de obligado cumplimiento, desde no creer que basta con compartir información dentro de la propia coalición, eso siendo importante lo es menos que informar frecuentemente a los ciudadanos de lo que se hace y como se hace. Es importante  tener una agenda muy concreta de cuatro o cinco puntos haciéndola avanzar de forma rápida y comprensible. Es fundamental para una coalición  conseguir resultados tangibles cara a los ciudadanos.

 

Es recomendable que los portavoces de los grupos NO compitan entre ellos, sino que procuren aparecer juntos defendiendo una misma campaña u objetivo. Esencial  es esforzarse en hacer gestos que ayuden a mantener la confianza, entre los que han llegado al pacto, pero también de los propios ciudadanos. Siendo otro punto clave, desde el principio, el mecanismo de toma de decisiones y el mecanismo de resolución de disputas.

 

Los electores dejaron un mensaje claro, pero no fácil de articular: no queremos que gobernéis como hasta ahora; no deseamos que decida solo un partido; tenéis que poneros de acuerdo, porque vuestra obligación es resolver los problemas y no convertiros en un problema más para el país. Urge amplios acuerdos previos durante un periodo acotado, estamos ante asuntos extraordinarios que exigen medidas que afectan a nuestra convivencia  y a algunas reglas del juego ¿Alguien  cree que se puede reformar la Constitución o la Ley Electoral, solo desde la derecha o la izquierda? Seria un iluso quien lo pensara.

 

 

 

Categoria La Opinión

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