Vamos a finalizar 2016, con la repetición de las elecciones presidenciales en Austria y el, pienso en el poco reflexivo, referéndum para la reforma constitucional en Italia. En Austria, la incertidumbre se despejó con la victoria del candidato de progreso Van der Bellen, sobre el candidato de extrema derecha Hoffer. Quizás se ha podido interpretar como un respiro, pero a la vez es una clara llamada de atención para todos los países de la UE, lo que hace necesario valorar las estimables lecciones que nos ofrecen. Dada la efervescencia, política e institucional, que recorre toda Europa, cualquier tipo de elección o referéndum se convierte en una cuestión de confianza para continuar en el proyecto común que arrancó, al acabar la II Guerra Mundial bajo las premisas de tolerancia, integración y colaboración con los demás socios.

Es cierto que la victoria en el Reino Unido, el Bresit o salida de Europa, ha supuesto el incremento del volumen e intensidad de los discursos extremistas y xenófobos. En el caso de la elección de los austriacos el elegir a Van der Bellen, ha sido sobre todo no elegir a Hoffer; esta circunstancia da lugar a una buena noticia para toda Europa. Ahora bien, tengamos muy presente que como ocurre en todos los países de la UE, se ha producido un importante agotamiento de los partidos políticos tradicionales – conservadores y socialdemócratas – que han mostrado su incapacidad para, gobernando en coalición, atender y resolver las necesidades de sus ciudadanos. Para optar a la Jefatura del Estado austriaco, había un independiente ecologista, que fue el vencedor y el líder de una formación de extrema derecha. Los partidos políticos tradicionales no alcanzan a entender el desencanto que producen cuando los ciudadanos depositan su confianza en ellos, sin comprender que se precisa un nuevo lenguaje y otra manera de hacer las cosas. La extrema derecha en Austria ha obtenido casi el 47% de los votos en las presidenciales y al día de hoy es el primer partido de país en las encuestas para las legislativas.

En el caso de Italia, ese referéndum para la reforma constitucional, lo titulamos de “poco reflexivo”, en el inicio del artículo, por parte de Matteo Renzi, que para resaltar la necesidad de su reforma, que por cierto habían aprobado el Senado y la Cámara de Diputados, solía recordar que su Gobierno era el número 63 en 70 años de democracia. Extraña sobremanera que sin apoyos suficientes, ni siquiera en su partido, el PD (Partido Democrático), donde destacaba la oposición de D’Alema y Bersani, se sacara a consulta de la ciudadanía.  El Comité del NO, aglutinó casi el 60% de los votos, pero es muy complicada la lectura en clave populista. El Movimiento 5 Estrellas, Liga Norte, Forza Italia junto a los disidentes del PD, son tan heterogéneos que no se puede identificar con la antipolítica; además, una vez realizado el recuento de votos, el Comité del NO, se disolvió. En cualquier caso, el no italiano es negativo para los riesgos en Europa. Se vuelve a la inestabilidad política y además se detienen las reformas emprendidas en Italia.

Además en el próximo 2017 tendremos elecciones decisivas en: Holanda, Francia y Alemania, donde la extrema derecha va hacia arriba, con todas las crisis por cerrar y apoyándose en la de los refugiados, siendo la que les ofrece “su gran oportunidad”. La recuperación europea es muy débil y desigual. Hay dudas importantes en el sistema bancario italiano, con lo que aparece la crisis bancaria de nuevo. Las alarmas migratorias se han reducido por el invierno y el acuerdo con Turquía, siendo esta un socio escasamente fiable, con lo que esa situación de aparente tranquilidad puede saltar en cualquier momento. El descontento italiano es solo una “variante del eurodesencanto” pero con potencial como para poner la crisis del €uro sobre el tapete.

Hacia mediados de noviembre, la Comisión Europea volvió a plantear su retrasado viraje en  política económica. Después de la fase de muy dura austeridad en el periodo 2010-2013 y, la política fiscal neutral en 2014, el Ejecutivo de la UE pretende el impulso de esa insuficiente recuperación continental, recomendando en estímulo fiscal del 0,5% del PIB, que suponen algo más de 50.000 millones en la €urozona. Pide que gasten más los países con mayor margen, estando Alemania y Holanda a la cabeza. Bruselas justifica el cambio y entiende que la política fiscal, debe contribuir positivamente a equilibrar el paquete de políticas económicas. Asume como suyas las recomendaciones del FMI, la OCDE, el G-20, el G-7, el BCE, así como el informe en proceso de debate en el Parlamento Europeo, que reclamaban estímulo fiscal. Nos encontramos ante riesgo de estancamiento y cerca del límite en las políticas expansivas del BCE. Urge redefinir la política económica y dar un consistente impulso a esta débil y desigual recuperación.

Este condensado argumentario ha chocado con la misma  ceguera, con la que chocó, cercenando, el Libro Blanco del Empleo de Jaques Delors en 1993 y hoy lamentamos el retraso de sus grandes redes de transportes y telecos o la escasa inversión digital, que nos deja en dependencia total de multinacionales norteamericanas. Pues bien, reunido el €urogrupo los ministros adscritos a la ortodoxia alemana y sus vecinos ricos, reinciden en la “posición fiscal neutra, no positiva”

A estas alturas, no le echemos las culpas a la Comisión hay que distinguir y discriminar. Alemania, Holanda, Dinamarca, Finlandia… y países ricos tienen que saber que esta obsesiva negación de la política fiscal expansiva alienta poderosamente el fuego del €uroescepticismo. Luego no se lamenten de la expansión del populismo. Vds. están provocando la disgregación en Europa, cuando sus dirigentes  ofrecen este espectáculo de arbitrariedad y conducta lamentable. La defensa política de la austeridad presupuestaria, amparada además por los países que disponen de superávit presupuestario, ratifica la idea de que los países centrales están utilizando la ortodoxia del déficit en su propio beneficio, atrayendo masivamente flujos financieros desde los países del sur para así consolidar sus propias opciones de crecimiento. Además, la parálisis fiscal que esos Gobiernos imponen a la eurozona obliga al BCE a sobreactuar en su política monetaria expansiva. Hemos vuelto a ver cómo el BCE, otra vez la Europa-Institución, salva a sus ciudadanos de sus patéticos Gobiernos nacionales

Este próximo año 2017 se cumple el 60º aniversario del Tratado de Roma, no tenemos mucho que celebrar, pero sí muchísimo que corregir. Ciudadanos europeos de Alemania, Holanda, Dinamarca… Imaginen que para el 60º Aniversario del Tratado de Roma, pudiéramos contar con los fundadores de la Unión Europea: Jean Monnet, Konrad Adenauer, Robert Schuman, Paul- Henri Spaak, etc. ¿Qué opinarían de nuestros comportamientos; de nuestra forma de gestionar las instituciones; del olvido de nuestros principios y obligaciones; de la economía al servicio de la sociedad, de la ciudadanía; como puede haber tanto paro, desigualdad y pobreza en la UE; estamos saltándonos los Tratados a la torera?             

No se sentirían nada satisfechos. Esto, tal y como se gestiona, parece más una sociedad de mercado que una sociedad democrática. No podemos seguir así. O cambiamos de nombre o de conducta.

(Alejandro Magno)

 

 

 

 

 

 

jffernandez_29@yahoo.es                              Albacete 15 de diciembre 2016

Una mirada a la Unión Europea

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