Permitid que os hable como sociólogo, cambiar está en nuestra mano, siempre lo estuvo.

 

En un hormiguero los roles están muy bien definidos, llegando a la conceptualización del todo como un nuevo ser, cada individuo es importante por su aportación al todo como defensor, trabajador o productor, progresando de forma continua. En cambio, entre los humanos observo que el avance real es lento, y aún invadidos por la tecnología repetimos errores de forma continua.

 

Somos diferentes. Pero también es cierto que a una sociedad la hace diferente el individuo y su implicación en las relaciones con los otros. Para que se me entienda pondré tres ejemplos de nuestro entorno:

 

  1. En mi infancia mastiqué día a día el respeto por la mujer, mi padre me recordaba su labor en la sociedad cotidianamente y la fundamental diferencia en la que insistía, que ellas son portadoras de vida, por lo que socialmente son superiores. En mi entorno aprendía que éramos iguales en las tareas, en las posibilidades y nunca el género ha supuesto para mi ninguna barrera. Firmemente creo que esa es la base fundamental de la igualdad, y me repugna como en los medios se sigue trivializando con ello. En mi infancia jugué con coches, pero respeté que ellas lo hiciesen con balones o muñecas, para mí nunca hubo diferencia. A mis años he de escuchar que cierto jefe de estado árabe es “liberal” o aún más, le llaman “aperturista” porque permite que las mujeres puedan conducir, cuando aún para desposarse precisan de la autorización de un hombre. Pero no es necesario ir tan lejos, en mi país aún contemplo que muchos jóvenes imponen la forma de vida a sus parejas, recurriendo a la violencia y destruyendo más de cincuenta vidas por ello el pasado año 2017, o que la forma de vivir o vestir puede condicionar la existencia de una chica. Debemos implicarnos para progresar, este es el largo camino en el que avanzar.

 

  1. Hablamos de corrupción en la política y admitimos que tales hábitos van en el desempeño o en el sueldo de la más bella función social: el trabajo por lo común y por las relaciones entre individuos. El hecho es que un partido político ha conseguido convencernos que cuantos menos de estos trabajen por todos en un parlamento regional mejor para todos, y su principal oponente no se atreve a repudiar este comportamiento por miedo a ser señalado. Después habrá quien pida implicación y compromiso con una bandera o una región que debe integrarse, e incluso pidan eliminar las circunscripciones provinciales…, no voy muy lejos, me estoy refiriendo a Castilla-La Mancha.

 

  1. Por otra parte, hemos conocido recientemente que somos la segunda potencia mundial en la vieja actividad del turismo, unido inexorablemente a la cultura y al ocio, pero al tiempo la penúltima región en oferta turística, a pesar de encontrarnos en el centro de la península, disponer de la magia del Quijote, de los mejores parajes ambientales, de la historia y del patrimonio reconocido internacionalmente, de una gran gastronomía y hasta el mejor queso, vino y aceite del mundo. ¿Qué necesitamos para que funcione? lo de siempre, individuos implicados con nuestra realidad.

 

Finalizo con una sentencia: “el futuro social es de los individuos implicados en transformar amenazas en oportunidades”. Pero también concluyo con los protagonistas, el padre que educa en el respeto mostrando fortalezas donde otros no ven más que debilidad, el político que lucha por el interés de todos aún en su propia desventaja, el emprendedor que encuentra en la cultura la oportunidad que buscaba, son impulsores necesarios sin los que el todo, la sociedad, no puede progresar.

 

Blog: El Secreto del Hormiguero

La Sociedad precisa de individuos implicados

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