Llegan los últimos días del año en el hormiguero, resultando habituales las comidas entre compañeros de oficio dónde el balance del ejercicio siempre cobra protagonismo. Pero en política,  siempre defensores del diálogo, son diversas las escusas para que los comensales no compartan mantel.

Se me ocurrió, como tema de mi columna, plantear una comida institucional sobre ordenación del territorio en nuestro país. ¡Qué locura!

El primer escollo serían las invitaciones y comensales, con Rajoy como anfitrión en La Moncloa, ¿deberían asistir los representantes de Ceuta y Melilla?, si el tema es demasiado importante lo mismo creamos un agravio internacional con Marruecos, si por el contrario, no tiene importancia, se ofuscarán los de las regiones históricas.

Después, ¿cómo los sentamos? el protocolo marca que el orden es el de la antigüedad del Estatuto y su preexistencia, por tanto son Euskadi y Cataluña los que se situarían a ambos lados del anfitrión, pero con la que está cayendo esta semana, o mejor todo el año, no sé si se atreverían. Por cierto, ¿a quién ponemos en Cataluña?, ¿a Soraya o invitamos a Puigdemont?… de paso lo llevarían derecho a Estremera si se presenta, aunque como reconoce hasta Junqueras parece que le guste esconderse. Resulta pues complejo.

Supongamos que hemos salvado todo ello, que ya es salvar, dando paso a los platos. En los entremeses ¿de dónde ponemos el jamón y las gambas?, y ¿el vino y el queso?, ¿qué denominación de origen no levantará ampollas?, quizá si lo ponemos variado y no falte ninguna nadie se moleste, o entonces demos pie a comparaciones y notables broncas.

El primero, tras las primeras conversaciones, un bacalao que lo traerían desde Bilbao, quizá porque el ‘concierto’ lo permita, quizá queriendo buscar su beneplácito, ya que el presupuesto de la comida hubo de aprobarse y la oposición se mostraba reacia a tal dispendio al que no fueron invitados, aún en beneficio del diálogo. Por cierto, parece que el clásico y el pasillo al campeón del ‘mundialito’ serían los ejes fundamentales del posible debate en la comida, ni tocar los últimos audios del ‘Govern’, las encuestas para el 21D, y menos aún las competencias o la financiación. Del segundo plato darían cuenta con una ternera gallega, para calmar la transferencia de la AP-9 que demanda Feijoó. Como tema de la tertulia por fin el balance del año, pero rápidamente drenado por el protagonismo de Cataluña, aunque cada uno sacando pecho sobre sus modelos de gobernabilidad, pronto todos silenciados por el conjunto de vinos o por sus corruptelas, no señalaré a ninguno. Los postres llegarían con un anuncio del Presidente de apertura sobre la revisión de la Constitución, para crear apetito, los dulces sabrían a poco…, pero pronto habrían de calmarse los ánimos con una frase del anfitrión aplazándolo para la próxima comida o legislatura, lo que antes aconteciera.

Por último, el pago de la cuenta. Entrando a la sala, Montoro reclamaría a cada comensal lo propio con la indignación de vascos y navarros, y la desaparición efectiva del ‘Govern’, seguida del ‘café para todos’ en la cafetería de la calle de enfrente, haciendo un ‘SINPA’…, y Rajoy, sólo, llamando a Europa para ver si nos admiten un punto más de déficit.

¿Aún queréis una comida de empresa de políticos a nivel territorial?

 

¡Feliz Navidad a todos!, desde el blog de “El Secreto del Hormiguero“.

 

Una comida de “empresa” para POLÍTICOS

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